Habilidades del Siglo XXI: una agenda fundamental para un futuro equitativo

¿Alguna vez se imaginaron presenciar una pandemia y la carrera de la ciencia para combatirla? Las transformaciones tecnológicas, ambientales, y demográficas están reconfigurando la forma en que hoy navegamos el mundo. Estos desafíos demandan que los sistemas educativos sean capaces de dotar a los jóvenes con las habilidades que se necesitan para desarrollarse plenamente en realidades complejas e inciertas. La crisis de la COVID-19 ha profundizado las vulnerabilidades que los jóvenes en América Latina y el Caribe (ALC) experimentan, especialmente los más vulnerables. De qué forma la educación permite que los jóvenes incorporen las habilidades del Siglo XXI y alcancen su máximo potencial importa no sólo para el desarrollo económico de la región sino también para los objetivos de equidad.

La escuela puede y debe proveer oportunidades para el desarrollo de habilidades más allá de las fundacionales, como por ejemplo el pensamiento crítico, la resolución de problemas y habilidades socioemocionales. De hecho, existe amplia evidencia que documenta la importancia de las habilidades blandas en el éxito futuro. Intervenciones diseñadas para potenciar las habilidades no cognitivas han demostrado tener efectos positivos en diversos indicadores educativos y conductuales en contextos de recursos limitados.

Los jóvenes sufren un déficit de oportunidades

En ALC, 24% de los jóvenes entre 15-24 años ni estudian ni trabajan, siendo la mayoría mujeres. Los jóvenes son afectados de forma desproporcional por el desempleo: la tasa de desempleo juvenil en ALC es tres veces más alta que la tasa de desempleo de las personas adultas. Estas barreras, junto con la baja participación en educación superior, suponen un desafío para las trayectorias de vida de los jóvenes.

Los cambios a la estructura del empleo intensificarán los desafíos que los jóvenes enfrentan. Los retornos a las habilidades no cognitivas, que son complemento a las habilidades cognitivas, están en aumento. Las transformaciones tecnológicas continuarán impulsando la creación de empleos, así como el desplazamiento de otros, lo que afectará negativamente a los trabajadores en ocupaciones rutinarias.

Es probable que los jóvenes vulnerables, sobrerepresentados en ocupaciones rutinarias, experimenten estas disrupciones como profundas crisis más que como oportunidades.

¿Qué significa una educación para el Siglo XXI?

Existe una brecha creciente entre lo que los estudiantes aprenden en la escuela y lo que el mundo demanda. Construir una educación para el Siglo XXI significa equipar a los estudiantes con las habilidades socioemocionales, digitales, cognitivas, y de función ejecutiva que les permita navegar realidades complejas.

La mayoría de los sistemas educativos no proveen este tipo de habilidades, que pueden ser transferibles y adaptables a contextos diversos. Cerrar las brechas en las habilidades fundacionales y potenciar las habilidades del Siglo XXI van de la mano: no es posible para los estudiantes aprender pensamiento crítico si no dominan habilidades de lectura y matemática.

De la misma forma, las habilidades fundacionales se benefician de fortalecer habilidades de pensamiento crítico. Esta es un área con grandes brechas: los resultados de PISA (2018) revelan que el 91% de jóvenes no es capaz de distinguir un hecho de una opinión al leer un enunciado.

Las pérdidas resultantes de la crisis de la COVID-19 son grandes. Estas pérdidas son mayores para los estudiantes más vulnerables, lo cual enfatiza la importancia de invertir en mitigar este impacto negativo. La crisis ha creado una oportunidad única para que los gobiernos y la comunidad educativa puedan reimaginar las habilidades que los estudiantes deban adquirir en la escuela y para aprovechar las lecciones aprendidas de los enfoques innovadores surgidos durante la pandemia.

Una agenda incompleta: de la reforma curricular a las prácticas de enseñanza

Las competencias y conocimientos que los estudiantes deben adquirir en la escuela están reflejadas en los diseños curriculares. Por ende, las reformas curriculares son un paso necesario para transformar los sistemas hacia una educación del Siglo XXI.

El proceso de reforma curricular es complejo: requiere un acuerdo sobre los objetivos de la escuela. La experiencia de diferentes países apunta a la importancia de la capacidad institucional para liderar y sostener reformas, así como el involucramiento y apropiación de diversos actores de la comunidad educativa.

La incorporación de las habilidades del siglo XXI en el currículo es un paso necesario, pero no es suficiente. Las reformas curriculares van más allá y precisan asegurar que las prácticas de enseñanza en los salones de clases reflejen la incorporación de estas habilidades. Abordar los desafíos de definición y medición de las habilidades del Siglo XXI es una tarea central en este proceso.

La evidencia creciente de cómo incentivas ciertos comportamientos en el salón de clases puede ayudar en el proceso de trasladar reformas curriculares en prácticas. Por ejemplo:

  • La crisis actual ha permitido que innovaciones de tecnología educativa para mejorar el aprendizaje sean testeadas e implementadas a escala.
  • Otros posibles canales para acortar la brecha entre lo que los estudiantes deberían aprender y lo que efectivamente aprenden incluye la extensión de la jornada escolar para proveer oportunidades de aprendizaje integral.

Equipar a los jóvenes con las habilidades del Siglo XXI para que puedan navegar y desarrollarse en realidades inciertas es una agenda que no se puede postponer. La crisis de la COVID-19 ha disminuido las ya escasas oportunidades disponibles para los jóvenes de ALC, lo cual ha sido desproporcional para los más vulnerables. Este contexto demanda que los países puedan revisitar cómo preparan a los jóvenes para enfrentar los viejos y nacientes desafíos del mundo en el que vivimos.

¿Quiere saber más sobre el desarrollo de las competencias del Siglo XXI y las reformas curriculares que van en esta dirección? Descarga nuestra publicación: El poder del currículo para transformar la educación: Cómo los sistemas educativos incorporan las habilidades del siglo XXI para preparar a los estudiantes para los desafíos actuales.

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