
PISA y el Legado de Messi: Disciplina, Educación y Deporte en Argentina
Por: Gerardo Betancourt, Articulista en Temas de Educación, Política e Investigación en C. Sociales.
En días pasados se conocieron los resultados de las pruebas PISA de educación y, con ellos, miles de artículos, especialistas y lectores se pronunciaron sobre la caída de los puntajes y sus posibles causas. No pasó desapercibida la falta de orden y disciplina en el aula, ni cómo muchos docentes perdieron el rumbo y el control de la escuela. El diario la nación le dedicó un reportaje (1)
El Mundial de Fútbol 2026 nos dejó enseñanzas que no se olvidan fácil. En la Copa asomaron como grandes figuras argentinas un Lionel Messi, Lautaro Martínez, Emiliano “Dibu” Martínez y un montón de futbolistas que irrumpieron con una fuerza que nadie veía venir, junto a selecciones y jugadores que nadie tenía en el radar. Una vez más quedó clarísimo el valor del deporte en la vida de la gente. Desde los picados de barrio hasta la élite del fútbol mundial, el legado que Messi que dejó al deporte y en cómo se convirtió en un referente de la historia argentina, puede inspirar los nuevos cambios pedagógicos que necesitan las sociedades.
El antropólogo Eduardo P. Archetti (1999) describía al fútbol en la Argentina como un evento-ritual que, a través de la tradición, construye identidades sociales. Yo agregaría que también nos da una forma particular de pararnos ante el mundo: con orgullo y con eso que se podría llamar una epistemología del balón, una manera de armar una cosmovisión. Todos estos cracks tienen algo en común: miles y miles de horas de práctica —años enteros— y la interiorización profunda de las reglas de su deporte. Messi es un ejemplo paradigmático de una nación. En mi caso, hijo de una profe de educación física y de un entrenador de gimnasia olímpica, crecí con el deporte en las venas. Recién a los treinta, viviendo en Canadá, encontré el waterpolo, disciplina que practico desde hace casi veinte años.
Aprender y respetar las reglas de un deporte reglamentado no solo forja carácter y empatía con los compañeros: también desarrolla sentido de pertenencia, colaboración, orgullo y conciencia de las normas colectivas. Ya lo señalaba Juan Amós Comenio (1592-1670), el pedagogo checo innovador de su época, en su Didáctica Magna: la juventud necesita dirección, continuidad y cuidado. Precisamente ahora, cuando en escuelas de la Argentina y de tantos otros países se multiplicaron en el primer semestre los casos de violencia contra docentes, directivos y alumnos —algunos con final trágico—, queda a la vista una pérdida preocupante del respeto y del control de los grupos. Muchos padres no logran ponerle límites a los pibes y las instituciones educativas parecen desbordadas. Esto pasa en todos lados. Messi aparece como una oportunidad ejemplar.
Primero, es un héroe digno de ser imitado. La biografía de este genio de la Scaloneta (dirigida por el gran Scaloni) muestra que detrás de la fama y los likes hay un laburo incansable, disciplina y orden. Segundo, el valor de las reglas. El rosarino construye el mito desde adentro de su barrio, de su familia, de su escuela: es una narrativa accesible, como la de cualquier pibe que todos conocemos y que vive a la vuelta de la esquina.
Tercero —y sin ánimo derrotista—, aprender a perder. El valor que demostró ante la adversidad del juego, sabiendo que su padre estaba en el hospital, con el ánimo de un gladiador, y aun así llegó hasta el final. Esa es una lección importantísima para los pibes. No por conformismo ni por debilidad, sino porque la vida no siempre premia el esfuerzo, el sudor y las lágrimas. A veces los pibes no creen en el laburo arduo, quieren todo instantáneo, y es tarea urgente de todos bancar una nación que necesita seguir creyendo. Desde un duelo de farmear aura hasta la Copa del Mundo, Messi nunca se dio por vencido.
El deporte enseña a procesar la frustración, a levantarse y a entender que siempre va a haber otra copa, otro torneo, otro Mundial. Demuestra que vale la pena construir una cultura del esfuerzo. Como dice la voz en off de Kamchatka: “[…] porque Kamchatka es el lugar donde resistir” (2002), en la película de Ricardo Darín y Cecilia Roth. La pena pasa, pero las lecciones pueden alumbrar a nuevas generaciones no solo en la cancha, sino en el día a día.
Un partido de fútbol es una metáfora perfecta de la vida. Por eso, desde la didáctica y recuperando las ideas de Comenio, deberíamos fomentar más la enseñanza a través del deporte. La Selección Argentina lo volvió a mostrar, igual que la pasión que despertó otro compatriota, Franco Colapinto, en la Fórmula 1.
La Argentina es un de talentos, ya se comenta en España sobre PISA, que la sociedad del viejo continente es un buen lugar para no fracasar en el aula, pero una pobre sociedad para brillar, y ya hay artículos al respecto. Y en México y Chile, las explicaciones académicas rondan por en el mismo sentido. La estructura debe venir desde la familia, el barrio, los equipos, la escuela y la comunidad, y juntos arropar al individuo. ¿Cuál es el siguiente paso para Argentina? ¿Cómo devolvemos la disciplina sin atraer el autoritarismo?
¡Aguante Argentina!